lunes, 29 de mayo de 2017

Iniciativa Adopta una Autora 3: Neïra

Continuamos con la Iniciativa Adopta Una Autora y como es costumbre voy a contaros algo más de Neïra. Esta vez quiero aprovechar que está por llegar la salida de su próxima novela, así que abusando de confianza, os traigo algunos detalles:

Título: Caótica Jimena.
Fecha de publicación: 21 de junio.
Sinopsis: Jimena tiene un plan: vivir tranquila sin salir demasiado de su zona segura, conseguir un trabajo relacionado con sus estudios y no implicarse con nadie a un nivel que no sea puramente físico.
El orden, la racionalidad, la dureza.
Bruno no tiene ninguno, más que ser feliz con los pequeños placeres de la vida, pero sí muchos problemas que debe resolver mientras deja que sus pasos lo guíen.
El caos, la emotividad, la ternura.
Un piso. Un encuentro. El objetivo de una cámara. Un giro inesperado. El desequilibrio.
Y sucede.
Dos personas aparentemente opuestas que se cruzan y convergen, cuando sus caminos no lo hacen.
Porque el amor no siempre llega en el momento indicado ni con la persona adecuada, pero no por ello desaparece.
Porque, aunque la vida nos haga elegir lo que más duele, todas las historias de amor del mundo se merecen un final.

"Siento que lo nuestro sea, pero que no pueda llegar a ser."

Pregunta: Novela nueva a la vista, cuéntanos un poco, porque esta sinopsis a mí ya me deja rota...
Respuesta: Caótica Jimena es un proyecto que nunca pensé que llegaría a ser tan especial para mí. Es una novela sobre dos personas muy diferentes que se cruzan cuando menos se lo esperan y entre ellas surge ese «algo» que hace que salten chispas. Es una novela que trata sobre esas veces en las que el amor llega en el momento menos indicado, cuando no lo deseamos o cuando no podemos dejarnos llevar por él, con mucha tensión sexual e intensidad, pero también con realidad. Porque a veces la vida nos hace tomar decisiones que no son las ideales… Y no digo más, que al final lo largo todo.

P: La portada es muy colorida y diferente a las últimas. ¿A qué se debe el cambio?
R: Sinceramente, encontrar la portada ha sido un absoluto caos. Yo buscaba algo muy específico que reflejara lo que me transmite a mí la historia, pero eso es más complicado de lo que parece de entrada. Al final, decidí decantarme por la imagen que más me cuadraba con Jimena, un personaje que vive un poco escondido y que gracias a otra persona comienza a mirar el mundo que le rodea con otros ojos, con un visor diferente.

P: Además te la ha hecho otra conocida autora, Alice Kellen. ¿Cómo ha sido poneros de acuerdo?
R: Muy fácil, como todo con ella. Tengo la suerte de haberme cruzado en el camino con personas increíbles que me apoyan a cada paso que doy y que me echan una mano siempre que lo necesito, entre ellas Alice.
La idea surgió cuando empecé a buscar imágenes; ella ya había leído la historia, así que sabía lo que quería y se unió en la búsqueda. Cuando quisimos darnos cuenta, ya me había hecho una portada que me encantaba y dijimos, ¿por qué no?

P: Hasta ahora tus personajes han tenido personalidades muy dispares: Oliva era divertida, Daniela más reflexiva, Sara la ternura personificada... ¿Y Jimena? ¿Qué podemos esperar de ella?
R: Jimena es una chica complicada. Aparenta tener muy claras sus prioridades y sus objetivos en la vida, pero en realidad está muy perdida. Es pragmática, responsable, algo fría y reservada, pero en el fondo esconde mucho más de ella de lo que muestra. Es un personaje al que he cogido muchísimo cariño, porque la he comprendido desde el minuto cero y ha sido el femenino más complejo que he creado hasta la fecha. Y no sé qué tienen los personajes difíciles, que se nos quedan muy dentro.

P: ¿Y qué puedes contarnos del protagonista masculino?
R: Ay, Bruno… lo adoro. Ha sido un placer meterme en su cabeza, porque está vez los dos son narradores al mismo nivel. Bruno es todo lo opuesto a Jimena, una persona que vive su vida al día, dejándose llevar por lo que siente, disfrutando de las pequeñas cosas. Es un niño grande, aunque también esconde una parte adulta que espero que os enamore tanto como a mí.

P: Pregunta obligada, ¿nuevos proyectos a la vista?
R: Sí, 1583. Proyecto arriba, proyecto abajo. Ahora en serio…
Por un lado, tengo 2018 cerrado con dos novelas, una terminada y otra a medio escribir, ambas de romántica contemporánea. Aún no puedo contar nada, pero tengo la corazonada de que va a ser un año muy especial para mí.
Y por otro lado, estoy comenzando a escribir la historia de uno de los secundarios de Jimena. No he lanzado esta novela como una serie, pero sí os confieso que quizá con el tiempo lo acabe siendo. Eso sí, no quiero ni presión ni límites de tiempo, porque no sé funcionar así, por lo que os pido paciencia y, si tiene que llegar, llegará.

P: Hace poco has hecho pública la noticia de que vas a asistir a tu primera Feria del Libro en Madrid. ¿Nos invitas?
R: ¡Por supuesto! Es algo muy emocionante para mí, y no solo como escritora, sino también como lectora, porque va a ser mi primera vez. Voy a asistir con Saray García y Abril Camino. No sé si sabéis que no permiten la participación de escritores autopublicados, por ese motivo no firmamos en ninguna caseta ni lugar concreto, pero el campo es libre, así que esteremos por allí el sábado 3 de junio de 6 a 8 de la tarde (en los alrededores de la caseta 272) y charlaremos con todo aquel que quiera conocernos. ¡Ojalá pueda poneros cara a muchas de vosotras!
Las que estéis cerca, no dejéis pasar la oportunidad

P: ¿Y algún regalo para los lectores? Para que vayan matando el gusanillo...
R: ¡Claro! Antes de irme y dejaros con este fragmento de Caótica Jimena, quiero darte las gracias a ti, Jan, por tu apoyo constante y por adoptarme para esta iniciativa tan bonita. Y a todas las que me leéis y que me acompañáis cada día, GRACIAS por estar ahí y por querer ya a Jimena, incluso sin conocerla.
Espero que esto os sirva para abrir boca…

Os presento a Jimena a través de los ojos de Bruno ;)

« … Yo no le gustaba a Jimena, me atrevería a decir que hasta le desagradaba mi forma de ser, de reírme todo el tiempo, pese a estar jodido, de preguntarle por su vida sin controlar las normas sociales que nos dicen que no debemos preguntar cosas demasiado íntimas cuando no tienes el suficiente grado de confianza, de estar medio tumbado a su lado cuando apenas nos conocíamos, descalzo, como si me encontrase cómodo ante cualquier circunstancia.
Y es que, por lo general, lo estaba.
No comprendía a las personas como Jimena, que parecían vivir cohibidas, atadas a algo que en realidad no existía, poniéndose obstáculos a sí mismas, encerradas de algún modo.
¿Qué había de divertido en eso? ¿De estimulante? Nada.
Vivir no podía resumirse en eso; vivir era otra cosa muy distinta.
Después de su escrutinio, al que me enfrenté con mi sonrisa de flirteo más potente solo para enrabiarla, gruñó y percibí cómo su máscara caía del todo.
—¿Siempre tienes activo el modo «coqueteo»?
—¿Qué? ¡No! —Me eché a reír y ella me fulminó con la mirada cuando mi mano salió despedida de forma instintiva y le acarició el brazo, demostrándole que quizá sí que lo tenía—. O sí… No lo sé, yo… soy así. No hay más que esto que ves, nena.
Me miró de arriba abajo, alzando una ceja de forma despectiva.
Podía haberlo hecho deprisa, de la misma forma en la que te observaría una madre o una profesora cuando está decepcionada con lo que ve, pero no. Lo hizo de forma lenta, dedicando el tiempo necesario a cada parte de mí como para memorizarme, o al menos así me sentí. Como una puta rata de laboratorio que no sabe lo que le espera.
Mi pelo. Mis ojos. Mi cuello; parándose más de lo debido cuando tragué saliva con nerviosismo. Mi ropa. Mis manos. Mi torso. Hasta llegar a mis pies.
Nunca me había avergonzado tanto de tener unos pies horribles.
El silencio se masticaba, pero nunca me he sentido incómodo ante los silencios; sirven para compartir demasiadas cosas que las palabras no saben transmitir.
Ella entonces tampoco lo pareció; estaba tan ensimismada en lo que fuera que la bloqueaba que creo que no fue consciente de que la situación estaba cargada.
¿De qué? De una tensión sexual por mi parte bastante clara. Quería follarme a Jimena, no es un secreto; creo que, dadas las circunstancias, ni para ella lo era. Pero también estaba cargada de otra cosa que nunca me hubiera esperado; de algo demasiado suyo que nunca me había encontrado en alguien.
Jimena parecía estar tan perdida en su propia vida que asustaba. Como esos libros de imágenes en los que tienes que descubrir qué objeto es el que sobra de una fotografía. Un reloj digital en una imagen de la Edad Media.
Eso era Jimena.
Se observó a ella misma, con los ojos turbios por el alcohol que a todas luces no le sentaba demasiado bien, y dejó escapar unas palabras que ambos sabíamos que eran mentira.
—Yo también soy así.
—¿Estás de coña? Te escondes todo el tiempo, Jimena. Como una tortuga dentro de un caparazón. Es imposible que esto seas tú. Me niego a creerlo.
—Una tortuga —repitió; después sus labios se convirtieron en una fina línea.
Se cerró un poco en banda, pero rectifiqué rápido para no perderla de nuevo.
—Lo que veo es bueno, pero creo que escondes lo mejor.
Asintió, como si mi explicación significara más de lo que ya lo hacía.
Serví más vino y ella no se negó…».

Caótica Jimena, Neïra.


Por mi parte añadir que estoy muriendo de ganas de embarcarme en esta nueva historia, y decirte Andrea, que no tienes nada que agradecer. Sé que harías por mí lo mismo, y eso ya es suficiente.

domingo, 9 de abril de 2017

La magia de escribir como Elísabet

Estuve pensando mucho, largo y tendido sobre si escribir o no esta entrada. Por una parte porque no me gusta entrar en polémicas y por otra parte porque creía que la gente tenía más criterio y mentalidad a la hora de hablar de un libro y del trabajo de alguien. He leído tantas críticas sobre la última bilogía de Elísabet Benavent que estoy empezando a pensar que vivo en un universo paralelo en el que no me he leído la misma historia que los demás.
Confieso que hasta febrero de 2014 no había leído nada de literatura romántica, ni erótica ni nada que se le pareciese. Mi género siempre había sido el policial, con toques de misterio, incluso con matices sobrenaturales. Sí, de joven leí la saga Crepúsculo, pero no la considero una saga romántica en sí, sino una historia de aventuras sobrenatural en la que ¡oh, sorpresa! dos personas se enamoran. Quizá es mi forma de verlo, no voy a decir que no, pero no la catalogaría de romántica, ¿vosotras sí?
Pues a lo que íba, que me descentro y al final seguro que me dejo muchas cosas por decir. Que no había tocado nada de romántica y tras la recomendación más entusiasta de mi mejor amiga, llega a mi Kindle Víctor. Sí, Víctor y no Valeria, porque quien me enamoró fue él, no ella. Dos días caminé con sus zapatos, un día me miré en su espejo, dos días estuve en blanco y negro y en un día me desnudé. Las páginas volaban una tras otra. Me enamoré y no solo de Víctor.
Me enamoré de la literatura romántica, que sí, que tiene erótica, pero es solo una parte, me enamoré de la historia, de sus personajes, reí con ellos, lloré con ellos, me enfadé muchísimo hasta con mi existencia... Pero sobre todo me enamoré de la forma de escribir de Elísabet.
Terminé con Víctor y sin darme tiempo a recuperarme me zambullí en la historia de Gabriel. Que dureza, que locura de historia. Fue complicado, con ellos no congenié tanto, pero la esencia estaba ahí, sus letras...
Y entonces llegó él. Mi favorito, mi chico, el que siempre estará delante de todos, pero que ha tenido que ver muy de cerca al último protagonista: NICO. Disfruté cada capítulo y aunque estaba convencida de que se me rompería el corazón continué página a página. No me equivocaba, salí con el corazón destrozado, no estaba de acuerdo, no estaba feliz... Sabía que tenía que ser así, como el inicio, saltando chispas. Y sigo sin estar de acuerdo, pero al menos Nico ya puede estar tranquilo, tendrá todo el amor que se merece, yo pienso dárselo todo, todo y todo...
Hasta aquí todo era maravilloso, todo el mundo estornudaba purpurina y tenía arcos iris en los ojos... Y llegó Pablo. Una historia totalmente diferente a lo que nos tenía acostumbradas, otra trama, otros miedos, otras inquietudes. ¿Y qué pasó? Que se desató el infierno en la tierra... Que algunas personas se volvieron locas, empezaron a ver las señales del fin del mundo y entraron en barrena.
Y fue el turno de Alejandro, que parecía que venía a calmar las cosas, pero esa gente que estaba ya en barrena fue irrecuperable y ya se sabe, cuando estás metido en el pozo, todo es muy negro y de allí no sales sin ayuda. Tuve la impresión de ver un enorme castillo de naipes al que le iban sacando cartas de la parte más baja y que era cuestión de tiempo de que llegase la caída épica. Y no hablo de la de Elísabet, sino de la de algunas de sus lectoras.
Y estamos con Héctor. Qué decir de esta historia. Es lo más real que ha escrito. Así, sin medias tintas. Todas sus historias tienen sus cosas, pero por unas o por otras, todo tiene un halo casi mágico que las envolvía. Y esta historia lo que tiene es la cruda realidad bajo cada palabra. Una realidad que duele, que hace daño y que la hace mágica. ¿Y esto como influye en toda esa gente que ya estaba en el pozo? Que les ha venido un jarro de agua fría que les ha llegado al cuello. Que no saben gestionar los cambios y que no conciben que el tiempo pasa, las personas cambian y con ellas su forma de trabajar o ver las cosas y la vida.
¿Que ha cambiado? Por Dior, ¡SÍ! Si estas leyendo esto Elísabet, ¡GRACIAS! Gracias en mayúsculas y negrita. Gracias por cambiar. Gracias por historias nuevas y diferentes. Gracias por no repetir siempre la misma fórmula que te hizo grande. Gracias por contar nuevas historias, porque todas son maravillosas, pero a mí me has llegado. Me has tocado hondo. Y como yo, muchas chicas se habrán sentido identificadas en alguna de tus novelas y por eso es bueno cambiar. Porque no todas somos iguales, no todas tenemos los mismos sentimientos y tampoco hemos vivido lo mismo. Gracias por darnos a todas al oportunidad de brillar entre las páginas de tus historias.
Y para todas aquellas personas que juzgan su trabajo... Venga, valientes. Sentaros frente al ordenador, con una hoja en blanco. Dedicad meses y meses a una historia, a unos personajes, a unos sentimientos, a algo que os encante. Cuando lo tengáis listo, publicadlo con todo vuestro cariño, para que otras personas lo disfruten y cuando aparezca la primera persona que diga que es una mierda, volved, por favor y me contáis que tal sienta que alguien eche por tierra vuestro trabajo, vuestra pasión y que se crea, encima, con derecho a ello.
Si no os gusta, ¡no leáis!, nadie os obliga. Es que no entiendo eso de "me ha decepcionado, pero me leeré lo próximo que saque porque aún confío en ella..." ¿De verdad? Olvidad vuestras expectativas, id con la mente en blanco y disfrutad, sobre todo disfrutad. Y si no lo hacéis, pues a otra cosa. Tan fácil como eso. ¿Dónde tenéis la recompensa en hacer una valoración tan pésima? En toda mi vida solo hablé mal de un libro y porque se lo merecía por tratar temas de violación como si hablase de olvidarse de sacar la basura. ¿Leí algo más de esa autora? No. ¿Es el único libro que no me ha gustado? Tampoco. Pero es que si no me gusta, no lo termino, paso a otra cosa y por supuesto que no voy a dejar mi frustración a diestro y siniestro para hacerme la "guay" porque ahora todo el mundo está con lo mismo.
Me pensé muchísimo si escribir esta entrada o no, porque sé que va a calentar mucho a muchas personas y ha llegado un punto en el que me da igual. Porque ellas me han calentado a mí sin pensar en las consecuencias, y aquí están. Las opiniones pueden crear controversia y ofender a otras personas. A lo mejor deberíamos pararnos a pensar un poco más antes de ponernos a escribir.
Y para finalizar os quiero dejar una pequeña frase, a modo de reflexión, algo que mi madre, por suerte, me dejó bien claro desde que era niña: "Si no tienes nada agradable que decir, mejor no digas nada".



P.S. He leído por ahí que el final de La magia de ser nosotros es simple... ¿Hola? ¿Tú te has leído el epílogo? ¿O es que yo lo he soñado todo? Porque de verdad, no te entiendo...

lunes, 27 de febrero de 2017

Iniciativa Adopta Una Autora 2: Neïra

Bueno, hoy siguiendo con la Iniciativa Adopta Una Autora sigo hablándoos de Neïra, pero me he decantado por hacer algo más personal y contar quizá otras cosas menos conocidas, y para ello, tengo la suerte de poder contar con su colaboración para que responda a algunas de mis preguntas (con alguna quizá necesite ayuda para hacer presión y conseguirlo: "tatuaje" ejem, ejem, cof, cof...).

Pregunta: ¿De dónde salió Neïra?
Respuesta: Confieso que me decanté por un seudónimo, en vez de por mi nombre real, por dos motivos. El primero, porque yo nunca me imaginé llegar a vivir de ello y quería separarlo de mi supuesta futura vida laboral. El segundo, por pudor.  A la hora de elegir solo tenía una idea clara, y fue que quería algo sencillo y muy representativo, como un sello, pero que dijese algo de mí. Neira es uno de mis apellidos y se nos ocurrió ponerle las diéresis para jugar con esa simetría, sin más. De todas formas, a partir de mi última novela, he empezado a usar mi nombre.

P: ¿En qué momento surgió Oliva?
R: Oliva nació en un momento de mi vida en el que estaba un poco perdida. Me vi saturada por muchas cosas, tanto a nivel laboral como de salud y personal, y simplemente busqué una vía de escape. La encontré en una vieja libreta en la que escribí «Me llamo Oliva…» y ya no pude parar. Llevaba toda la vida escribiendo, pero nunca nada más allá de poemas o relatos, y fue la primera vez que conseguí terminar algo en serio.

Hola Mario, estás que crujes, ¿lo sabes?

P: ¿Cómo fue esa idea de la autopublicación?
R: Yo nunca escribí con la intención de intentar publicar, pero había oído hablar de la autopublicación en Amazon y, cuando terminé la novela y mi novio me dijo «pues habrá que hacer algo con ella», comencé a fisgar en internet en qué consistía este mundillo. Sin darme cuenta, un día acabé subiendo «La lista de Oliva» a la plataforma con más miedo que otra cosa. Lo único que deseaba era que alguien más que mi familia lo leyera y pasase un buen rato, tachar ese objetivo de mi lista y lo conseguí.

P: Cuéntanos un poco cómo fueron los pasos que llevaron a Oliva con Zafiro.
R: Oliva fue una sorpresa para mí. De un día para otro empezaron a llegarme mensajes, reseñas, solicitudes de amistad… y me costó asimilar un poco todo lo que estaba pasando, pero aprendí a disfrutarlo y tampoco pedía más, de verdad, me bastaba.
Sin embargo, un día, unos cuatro o cinco meses después de publicar «La lista de Oliva», no lo recuerdo con exactitud, una lectora me escribió para decirme que conocía a la editora de Zafiro y que estaba convencida de que Oliva sería bienvenida en el sello. Y así fue.
Gracias desde aquí a Mónica por ayudarme a dar ese salto y a Esther Escoriza por confiar en mí.

P: ¿Todavía no te has planteado de verdad tatuarte una oliva con un sombrero vaquero? (Pregunta totalmente real y seria)
R: Jajaja (risas mil)… A ver, muchas sabéis que soy una adicta a los tatuajes y que en el caso de mi segunda saga, «Fuimos un invierno» y «Fuiste mi verano», sí que me hice uno que para mí significaba mucho en honor a ellos, pero en el caso de Oliva no lo he sentido así. Cada historia cala de un modo distinto en nosotros y con Daniela sí tuve ese impulso en su momento, pero con Oliva he vivido otras cosas y tatuarme no está entre ellas, no sé explicarlo mejor. Quizá con el tiempo lo haga, porque estoy un poco loca y no lo descarto, pero a día de hoy la respuesta es no.

P: ¿Cómo apareció Daniela en tu vida?
R: Esto es complicado. Cuando terminé Oliva, me senté con la intención de seguir en la línea de la comedia por diferentes motivos, pero enseguida me vi envuelta por un tono, unos personajes  y una historia que no eran precisamente de comedia. Le di un pequeño giro y su mundo me atrapó. Seguramente estaréis pensando si no chupo pegamento mientras escribo estas cosas y prometo que no. Es que de verdad que simplemente todo fue fluyendo, ni siquiera tenía una trama meditada, sino que me dejé llevar por una idea y ese fue el resultado.

P: La bilogía de Daniela y Luca, de tu mano, ha dado el paso al papel. ¿Cómo se te ocurrió embarcarte en ese nuevo proyecto?
R: Bueno, parto de que para mí la historia de Daniela es muy especial. Creo que con ellos fue cuando me di cuenta de que podía escribir libros. Sí, suena raro después de que ya hubiera escrito dos, pero es que hasta ese momento no me había dado tiempo a interiorizar todo lo que estaba viviendo, y llegó Daniela y con ella supe que yo quería pasarme los días haciendo eso mismo. Contando otras vidas, viviéndolas, aprendiendo cada día un poco más.
El caso es que yo tenía mucha fe en esta historia, pero no tuve suerte y veía que comenzaba a quedarse en el olvido y me pareció una buena idea para darle un empujón. Esa es la explicación más profesional. ¿La moñas? Que me moría por verla en mis estanterías y pensé «¿si nadie lo hace por mí, por qué no yo?».

Luca, contigo al fin del mundo...

P: ¿Qué se siente al ver la aceptación que están teniendo tus historias?
R: Felicidad extrema. Miedo. Ilusión. Miedo. Motivación. ¿He dicho ya miedo? Un montón de cosas que a veces me hacen pararme en casa y reflexionar, porque todo está pasando muy rápido y tengo que protegerme de posibles caídas. No obstante, cuando digo miedo no es algo malo, sino que hasta eso es positivo. Todo lo está siendo.

P: Antes de nada, me gustaría hacer un inciso sobre algo que comentaste antes, y es que en esta nueva novela, aunque también está tu pseudónimo, por fin aparece tu nombre, ¿a qué se debe el cambio?
R: Pues porque en el fondo ya todo el mundo me conoce, sabe cómo me llamo en realidad y creo que había llegado el momento de dar la cara jajajaja.

P: Cuéntanos un poco de tu nueva novela: «Valiente Vera, pequeña Sara».
R: Vale, esta novela es un giro un poco loco a lo que he hecho hasta ahora. Me he dado cuenta de que tengo la necesidad de cambiar, de probar cosas nuevas, de aprender todo el tiempo y arriesgar dentro de lo que se puede arriesgar en este género. Esta novela lo es de algún modo. Es una historia con un tono mucho más dulce, melancólico, con un lenguaje menos coloquial del que os tengo acostumbradas, pero muy sentida. Muy emocional. Narra la vida de personas unidas por algo muy fuerte que en algún punto se rompe y eso lo condiciona todo. Hablo de la amistad, del hogar, del miedo, de decisiones erróneas y de cómo las hacemos frente. No sé, ¿no os he contado nada en realidad, verdad? Bueno, es que odio condicionar a nadie, prefiero que cada una se forme sus propias impresiones cuando llegue el momento.

Alex, ¿y si te secuestro un par de semanas?

P: La historia es totalmente opuesta a lo que habías escrito hasta ahora. ¿Te asustaba la aceptación que pueda tener?
R: Mucho. La verdad es que parece ser que escribo como terapia, no como medio de vida, porque «Valiente Vera, pequeña Sara» llegó en un momento de estrés absoluto en el que necesitaba relajarme, disfrutar y escribir para mí de nuevo, porque desde que la primera parte de Oliva tuvo esa aceptación, no había vuelto a hacerlo al 100%. Os juro que si no llega a ser por Saray García y Alice Kellen, que esta vez fueron mis dos primeras lectoras cero, esta novela no hubiera salido de mi ordenador, porque me aterraba.
Odio las generalidades, pero vamos a hacer una ya que estamos en confianza... La lectora común de romántica suele ser bastante crítica a la hora de comparar, pero a su vez esperan que sigamos una línea establecida. Me explico. Nos exigen novedad dentro de un género en el que es difícil innovar, pero a la vez que no te salgas de lo que las tienes acostumbradas. Es decir, quieren que hagas cosas nuevas, que arriesgues, pero no tanto como para que ya no vean lo que les gustó en tus novelas anteriores. Creo que sería más fácil darles sangre de unicornio, si nos la pidieran. Pues en esta ocasión mis dudas van por este camino. Estoy contenta con el resultado y como novela creo que tiene posibilidades, pero soy consciente de que las opiniones pueden ser más radicales, porque digo desde ya que Oliva y esto se parecen como un huevo a una castaña.

P: Los Lectores 0 creo que tienen en sus manos mucho poder, cuéntanos algo sobre ellos...
R: Vale. Cuando yo empecé, mis lectores cero eran de mi familia. Era guay, porque todo les parecía maravilloso, pero poco útil (mi madre cree que me merezco el Nobel). Con Daniela tuve la suerte de poder contar con lectoras voraces de romántica que fui conociendo por el camino y que se convirtieron en amigas, ampliando el círculo. A partir de ahí, todo se ha profesionalizado un poco, y actualmente tengo dos grupos diferenciados. Mi familia y alguna amiga, entre las que cuento con lectoras de romántica y otras a las que no les gusta el género (estas críticas suelen ser las más útiles), y escritoras que se han cruzado en mi vida y con las que las revisiones son más constructivas a nivel estilo, estructura, trama, etc.
Todas hacen un trabajo increíble sin el que las novelas que llegan a vuestras manos no estarían tan cuidadas y tan bonitas. ¡Os quiero!

P: ¿Nuevos proyectos en el horizonte?
R: Sí. Más o menos unos 5687. Ahora en serio, tengo mil documentos empezados y dejados a medias por diferentes razones. Algunos los recuperaré algún día y otros acabarán siendo borrados en algún siroco que me dé, pero a día de hoy poco más puedo decir, porque ni yo sé por dónde tiraré. Bueno, miento, hay un proyecto terminado (de hecho lo escribí antes de «Valiente Vera, pequeña Sara») que está esperando en un cajón su momento… ;)

¡Bravo! Todos en pie, ¡aplaudid más fuerte!

P: Una situación «difícil» de cada libro me parecen Los agradecimientos. ¿Cómo te planteas ese momento?
R: Es horrible. Primero porque tiendo a enrollarme a la mínima y hay que intentar condensarlos en un par de páginas. Segundo, porque vivo con pavor a dejarme a alguien que haya sido esencial para la novela en cuestión. A pesar de ello, es una parte preciosa que disfruto mucho escribiendo.

P: Y por último, un consejo para alguien que tenga algo en mente y aún no se haya atrevido a dar el paso...
R: Dar consejos es un asco, porque cada persona es un mundo, pero yo siempre digo que a mí lo que me ha funcionado hasta hoy ha sido confiar en mi instinto, encontrar mi propio estilo (esto parece una tontería, pero es esencial) y leer mucho, nunca dejar de aprender.
Algo más específico…
Si aún no lo ha escrito, que se siente y se deje llevar, que no tenga miedo de enfrentarse a él mismo, pero que saque eso de dentro antes de que se enquiste y duela.
Si ya tiene un borrador, que haga con él lo que de verdad desee. ¿Que lo quiere guardar en un cajón y regalárselo a su primer nieto? Que lo haga. ¿Que quiere verlo publicado, pero le da miedo lo que pueda pasar? Que lo haga también. Pero, lo más importante, es hacerlo, atreverse si es lo que de verdad desea.
Para quien no lo sepa, pero que viene de perlas para responder a esta pregunta y como cierre de entrevista, repito las palabras del comienzo de «Valiente Vera, pequeña Sara». Esa dedicatoria que aparece y que se puede aplicar a todas las facetas de la vida: «Para los valientes, el mundo es vuestro».


Hasta aquí llegó la entrevista, y con vuestro permiso, quiero dejar mi pequeña opinión sobre "Valiente Vera, pequeña Sara":
"Esa sensación de vacío cuando terminas una historia que te ha llenado. Así estoy ahora mismo...
Poco a poco nos vamos adentrando en la historia, conociendo a los personajes, sus situaciones, vivencias y cuando nos damos cuenta estamos disfrutando de la casa del lago, de los recuerdos que quedaron allí y compartiendo cada momento junto a Sara, Vera, Alex y los demás.
Me ha hecho sentir. Mucho. Muy fuerte. ¡Y más! Me ha hecho sonreír y me ha encogido el corazón más de una vez. Pero sobre todo, no me ha dejado indiferente y eso, hoy en día, es de agradecer.
Volveré a leerla, seguro. Se ha ganado un sitio especial entre mis favoritas."


Y esto ha sido todo. Como siempre, un placer Andrea.

viernes, 20 de enero de 2017

Malas lecturas en malos momentos

Hoy tengo los ánimos por los suelos y parte de la culpa la tienen los últimos libros que he leído. No han estado a la altura de mis expectativas. Que no quiere decir que sean malos, sino que no eran los indicados para mí, o que no los he encontrado en el momento idóneo de lectura... Aunque los que tenían faltas, tanto ortográficas como de gramática, esos ya no tienen disculpa.
Y yo con mi historia a medias, peleando por mejorarla poco a poco, por tratar de acabarla y dejarla bien, porque me gustan las cosas casi perfectas. Pero me encuentro lecturas así y me hacen perder la fe.
¿Acaso tras pasarse todo ese tiempo escribiendo, no pueden invertir un poco más en la calidad de la escritura o de la propia historia? No sé, a veces tengo la impresión que la gente tiene demasiada prisa por publicar algo y lo hacen a ciegas, pensando que es lo que hay, que tienen que sacarlo ya y que sea lo que tenga que ser...
Y me he encontrado de todo... Desde historias que no merecían ver la luz, como historias geniales con personajes horribles, o lo que es peor, personajes increíblemente buenos, pero con historias que no les hacen justicia. ¿Cómo puede ser que dediquen tanto tiempo a crear un personaje tan bueno y que después flojeen con la trama?
También puede ser que yo tenga el día torcido y lo vea todo tan negro, pero la verdad es que se me quitan las ganas de leer a veces, tras encontrar "tesoros" de este tipo...
Muchas veces me tienen dicho que una historia no les había gustado porque quizá "no era su momento" y no lo entendía demasiado. Pero está claro que los ánimos que tenga el lector en el momento de ponerse con un libro afectan a las impresiones que este genera durante la lectura. Y estos días lo he podido comprobar, porque según iba leyendo libros mis ánimos y mis ganas de seguir leyendo iban bajando.
Pero no me hagáis mucho caso hoy, que no soy del todo yo y he tocado el límite... 

Os regalo unos consejos:
-No leáis nunca por obligación.
-Si algo no os está gustando, no sigáis leyendo. No seáis unas suicidas emocionales como yo, que por orgullo me lo termino todo y así estoy como estoy.
-Y si la primera parte es pésima... ¿qué nos hace pensar que la segunda parte será mejor? Es que no aprendemos...

Y hasta aquí mis divagaciones por hoy.
Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

lunes, 9 de enero de 2017

Iniciativa Adopta Una Autora: Neïra

Conocí la Iniciativa Adopta una Autora hace unas semanas y en cuanto indagué un poco sobre qué iba y cómo se llevaría a cabo, tuve muy claro a quien quería adoptar.
Mi elegida fue: Neïra. La descubrí por recomendación de una amiga, que me dijo que tenía que leer su bilogía de Oliva y Mario. Iba con muchas expectativas, porque había leído muchos libros ese año, y en cuanto empecé a leer se cumplieron todas y muchas mas. No pude parar hasta que terminé los dos libros.
Descubrí una historia divertida, unos personajes muy bien trazados y que tenía una trama muy ágil. Me quedé con ganas de más, de mucho más, y eso solo significa que la historia es buena.
Aquí os dejo la sinopsis de la primera parte, para evitar spoilers a los que no la hayáis leído la historia completa:

La lista de Oliva
Oliva es una chica normal con una vida normal: comparte piso con dos amigas, trabaja en un hotel, sale los fines de semana… hasta que, una noche de verano, Mario irrumpe en esa normalidad haciendo que su mundo se tambalee.
¿Estará Mario a la altura de las exigencias de Oliva?
A veces el sexo, la amistad y el amor se entremezclan dando lugar a aquello con lo que siempre soñamos y que parecía imposible de encontrar, pero ¿qué ocurre cuando saltamos la línea que separa la amistad del amor? ¿Y si no estamos preparados para enfrentarnos a algo tan intenso? ¿Y si el miedo te hace incapaz de ver lo que tienes delante de tus ojos?

Os dejo enlace aquí de la reseña que hice de esta bilogía. (OJO, puede haber algún spoiler sin mala intención).
Ahora están disponibles por separado o un pack de las dos historias a través de plataformas digitales como: Amazon, iTunes, El Corte Inglés, La Casa del Libro, PlayStore...


Después conocí su otra bilogía, la historia de Daniela y Luca. Una historia totalmente opuesta a la que conocimos con Oliva...
Daniela es una chica muy reflexiva, hasta el punto de plantearse las cosas mil veces antes de actuar. Es una chica muy testaruda y con mucho temperamento y conoce a la horma de su zapato: Luca.
Un hombre con el que nunca se habría imaginado, pero que llega para poner “orden” en su mundo, que se encuentra patas arriba. Un hombre que le hará cuestionarse todos los aspectos de su vida y que sin que ella se de cuenta, le ayudará a poner en claro muchas cosas.
Igual que de la anterior, os dejo la sinopsis de Fuimos un invierno, por si alguien no ha leído la bilogía completa:

 Fuimos un invierno
Daniela tenía la vida que creía desear: un trabajo que pagaba las facturas, una relación modélica y una amiga íntima. Una estabilidad que la hacía feliz. Sin embargo, en ocasiones y cuando menos lo esperamos, la vida da giros inesperados y la suya dio uno que nunca se hubiera imaginado.
¿Qué pasa cuando todo en lo que creías se desvanece? ¡Qué ocurre cuando de repente no sabes a dónde dirigir tus pasos? ¿Qué puedes hacer cuando estás tan perdida que lo único que quieres es agarrarte a lo que sea para mantenerte a flote?
Un accidente de coche, un chico de ceño fruncido y patillas, y una larga lista de casualidades llevaron a Daniela de la mano hacia una nueva vida, pero... ¿estaba ella preparada para ese viaje o quizá primero necesitaba reconciliarse consigo misma?

Una novela divertida, intensa, tierna y a veces dura, sobre la decepción, la venganza, la traición, las inseguridades y los miedos, pero también sobre la amistad, sobre el amor, sobre las segundas oportunidades y, por encima de todo, sobre la superación y el crecimiento personal.

¿A QUÉ ESPERAS PARA ADENTRARTE EN EL MUNDO DE DANIELA?


Os dejo los enlaces a las reseñas que hice en su momento de los dos libros (OJO, puede haber algún spoiler sin mala intención).
Actualmente disponible en versión digital a través de Amazon, pero también en papel. Pero aún hay más... Si lo queréis firmado por la autora, también tenéis la oportunidad: Click aquí y podrás ver su explicación de cómo hacerlo.

jueves, 14 de abril de 2016

Fuiste mi verano (Daniela nº2) de Neïra

SINOPSIS


La vida de Daniela ha dado un giro completo en los últimos meses, un cambio radical al que, inevitablemente, tiene que adaptarse. Si echa la vista atrás, todo es diferente. Martín y Nieves ya forman parte de su pasado, un pasado que siente muy lejano. Pero no solo ellos han desaparecido de su vida, sino que Luca, el mismo chico que fue para ella una balsa a la que aferrarse con fuerza para no ahogarse, también lo ha hecho y Daniela se ve obligada a aprender a caminar sola.
Lo que pasa es que, en ocasiones, el azar hace de las suyas y se inmiscuye en ese camino, haciendo que nos crucemos con personas que creímos que nunca regresarían. Y todo vuelve. Y de repente el camino es más pedregoso de lo que parecía. Y caerse es demasiado fácil.

Daniela se enfrenta al presente con más cargas que nunca, con sentimientos que se le anudan en el estómago y que se esfuerza por esconder, con un pasado convertido en cicatriz, pero, pese a todo ello, con unas inmensas ganas de vivir, ser más ella misma que nunca y conseguir todo aquello que cree merecer.

OPINIÓN

Han pasado los meses y Daniela sigue con su vida. Una vida a medias porque sigue con un vacío en su interior que no sabe cómo llenar, pero decide que tiene que seguir adelante... Y entonces Luca vuelve. Vuelve para poner su mundo patas arriba otra vez, vuelve para intentar quererla, vuelve para tratar de quererse a sí mismo... ¿Pero que ha pasado con ellos todos estos meses? ¿Les habrán ayudado para conseguir esa paz y respuestas que necesitan? A veces el tiempo es buen consejero, otras veces no hace más que recordarnos errores del pasado que deberían quedarse atrás...
Daniela ha cambiado, no es la misma mujer enamorada que él dejó aquella madrugada. Es fría, o al menos quiere serlo. No quiere volver a sufrir, pero quizá tampoco tenga fuerzas para engañarse a sí misma.
Luca también ha cambiado, aunque ella no quiera creerle. Ha tenido tiempo para pensar en lo que realmente quiere y en las consecuencias de sus actos. Tiene muy claro lo que quiere y no piensa volver a equivocarse.
¿Y Dana? ¿Qué has sido de ella? Quizá se haya perdido para siempre... O tal vez los esfuerzos de Luca puedan hacerla regresar otra vez.
¿Podrán dejar atrás el pasado para encontrar así un futuro juntos? ¿Habrá ayudado el tiempo a sanar sus heridas? ¿O por el contrario lo que ha conseguido es cerrar todas las posibilidades?
Una vez fui un invierno junto a ellos y esta vez les acompaño bajo el calor de un verano.

¿Y tú a qué esperas? No dejemos que se vuelva a ocultar el sol...

Como todo lo que escribe Neïra, es simplemente magia. El desenlace de la historia de Daniela y Luca no dejará a nadie indiferente. Llena de sentimientos, sucesos y unos personajes que te tendrán enganchado de principio a fin.

jueves, 24 de marzo de 2016

~Marta~

Era viernes y como siempre me tocaba trabajar. Era un caluroso día de verano y había aprovechado para ponerme un precioso vestido blanco estilo ibicenco que me sentaba de muerte. Iba apurada porque estaba con el tiempo justo, ya que tuve que parar en casa a recoger la mochila con la ropa para cambiarme, a mi jefe le daría algo si intento ponerme en mi puesto así vestida. Entré por la puerta cuando faltaban cinco minutos para abrir.

-¿Te parecen horas de llegar? -como siempre el jefe tan agradable-. Y aún tienes que cambiarte... No sé como no te he despedido aún.
-No lo haces porque sabes que mis tetas atraen muchos clientes -yo tampoco me cortaba un pelo-, y por suerte para ti, no me importa que me miren siempre y cuando tengan las manos quietas.
-¿Qué me quieres decir con eso?
-Que como tu amigo vuelva a intentar meterme mano solo va a tener futuro como castrati.
-La tigresa saca las garras...
-Ten cuidado no saque otra cosa.
-¿Como qué, preciosa? -dijo acercándose a mí más de lo que me gustaría.
-Otra demanda por acoso.
-Venga, venga, tranquila tigresa, que quiero que haya paz. Ve a cambiarte mientras tus compañeros te cubren un rato.

Entré en el vestuario y como ventaja de ser la última y llegar casi tarde lo tenía para mí sola. No es que me importara cambiarme con mis compañeros delante, pero para variar no estaba mal no andar rozándome con culos, tetas y rabos. Me saqué el vestido y rápidamente me enfundé los vaqueros negros, me encantaban, estaban llenos de descosidos y rotos por todos lados y yo le había añadido un encaje bordado en los más grandes, para no enseñar de más y también algunas cadenas colgando. Me quité el sujetador 'blanco angelical' y me puse el 'negro dama del infierno' con unas copas que levantaban mis pechos que no son excesivamente generosos y me hacían un escote todavía más sugerente. Cogí la camiseta y me la puse, me encantaba. Vista de frente parecía una camiseta negra normal, sin mangas, ajustada pero sin apretar demasiado y sobre el pecho izquierdo el nombre bordado en hilo "Tigresa". Pero lo mejor de la camiseta estaba detrás.
Me senté para calzarme las botas negras hasta la pantorrilla. Crucé los cordones entre los ganchos y quité una pequeña mancha que tenían en un lateral, estaba casi lista. Me maquillé rápidamente, sombra de ojos color chocolate con un buen difuminado y una buena cantidad de eye-liner que me conferían una mirada felina. Mientras me recogía la rebelde melena pelirroja en una trenza me giré para poder ver lo mejor de todo el conjunto en el espejo, era un ritual que hacía cada día que me tocaba turno. Miré por encima de mi hombro y desde el espejo el bordado de una tigresa albina me devolvió la mirada. Era espectacular. Me fascinaban esos animales y por eso no dudé cuando me preguntaron qué quería llevar bordado y cuál sería el nombre que utilizaría en el trabajo.
Salí y aunque sólo habían pasado quince minutos el local ya estaba lleno a medias, se notaba que iba a ser un día con mucho movimiento. Entré en mi zona, ya con el chip puesto y comencé a atender a los clientes, que a esta hora aún eran educados, se les entendía cuando hablaban y no trataban de echar un polvo en el baño con cualquier cosa que tuviera coño en un ratio de 5 metros a su alrededor.
Aunque os pueda parecer lo contrario me gusta mi trabajo. Me gusta servir copas y antes de empezar a trabajar aquí fui clienta durante muchísimos años. La música es muy buena, nada de reggaeton, ni baladas, ni moñadas de esas. Tampoco voy a decir que todo lo que sonaba aquí era heavy puro, pero sí que era música para bailar, para darlo todo y moverse hasta perder el sentido. Cuando supe que había una vacante rápidamente me presenté al puesto, sabía qué tipo de gente contrataban, abstenerse "blanditos" deberían haber añadido en el cartel, porque aquí no durarían ni dos horas pasado el ecuador etílico del 75€% de la clientela.
Evidentemente me dieron el trabajo, era justo lo que buscaban, una chica de buen ver sin pelos en la lengua, a la que no le importase ser objeto de deseo de miles de babosos, pero que sabe pararle los pies al primer gilipollas que se pone pesado, que os digo desde ya que son muchos, cada noche... Y allí estaba yo, entregada al arte de servir copas, cervezas, cubatas, combinados y chupitos, esquivando ya a los primeros cerdos de la noche, que esta vez se habían adelantado al menos una hora del horario previsto, pero a los que supe manejar sin problema,y entonces sentí que todo mi cuerpo se estremecía, así que levanté la vista...
Y ahí estaba él otra vez, con su camiseta negra ceñida, su chupa de cuero, sus pantalones pitillo del mismo color rotos por las rodillas y unas botas Newrock llenas de hebillas por encima de los bajos. Su pelo castaño hoy luce aún más salvaje, cayendo sobre sus hombros (estoy segura de que se ha despeinado sacándose el casco de la moto), y pude notar que se había rebajado la barba, que no es que le quedase mal como la llevaba, que a mí me gustan las barbas, aunque eso sí, bien cuidadas y para mi gusto en el momento que puedes hacerle trenzas en ella es el momento de tomar medidas. ¿Me habrá leído la mente? O eso o la ciencia infusa, ya que me ha estado evitando por todos los medios...
Había empezado a venir hacía un par de meses por el garito y desde el primer día me fijé en él. Aquella vez había pedido sus bebidas en otra de las barras, a la mía ni se acercó y me quedé con las ganas de verle de cerca y escuchar su voz. A la hora del cierre había interrogado a mis compañeros, ¿pero qué esperar de los hombres? Ni sabían de quién les hablaba, eso sí, preguntarles por tal rubia del tatuaje o cual morena de pechos grandes, para eso sí que andan vivos los cabrones.
A partir de esa empezó a ser un habitual de los fines de semana, pero siempre se ponía en la otra barra. Una noche conseguí que unos de mis compañeros me cambiase el puesto a cambio de hacerle de cebo con unas cuantas mujeres, vamos, lo que viene siendo que yo me presentaba primero y luego le presentaba a él, como un amigo caballeroso en el que podían confiar. ¡JA! Qué pérfida mentira y ellas que ingenuas por tragárselo, aunque a los hombres les gustan las mujeres que se lo tragan, ¿no?
Pues en lo que estaba, que conseguí ponerme en la barra en la que él solía pedir y ese día me hizo la cobra. Bueno, a mí no, a la barra. Se acercó como siempre y de repente hizo un quiebro y se fue a la que era la mía habitual. No sabía si darme de cabezazos en aquel mismo momento o dejarlo para otro momento con menos testigos. Estaba frustrada, enfadada y caliente. Sí, caliente. Porque solo con verle me encendía entera. Quizá por ese misterio que le rodeaba y que yo no podía desentrañar.
El fin de semana siguiente volví a mi barra y ¡adivinad qué! Correcto, premio, has acertado, volvió a su barra de siempre. ¿Pero qué jugarreta del destino era aquella? Estaba claro que algo muy malo había hecho yo para que el karma me estuviera jodiendo de esa forma. Y de repente un rayo de luz y esperanza. Yo estaba inclinada, cambiando un barril de cerveza y al levantarme y darme la vuelta le encontré mirando hacia donde había estado mi culo en pompa hacía unos segundos y antes de que pudiera disimular vi como se pasaba la lengua por los labios para terminar mordiéndose el labio inferior. Fue algo rápido, pero ahí estaba, lo había visto.
Supuse que a partir de ahí iría todo rodado, así que desde lejos empecé a insinuarme cada semana: miradas, gestos, poses… Pero nada, no me decía nada, no me daba ninguna señal. Para ser totalmente justas, ni se me había acercado simplemente. Ese día estaba especialmente sexy, ¿os había dicho ya que se había arreglado la barba?

—Ay por Dior, me encantaría que dejases mis muslos marcados y doloridos por el roce de tu barba...
—Como está hoy la tigresa... No tengo barba, pero también puedo dejar tus muslos marcados y doloridos —me dijo un cliente al que no había visto, pero que era un acosador habitual.
—Yo también puedo dejarte marca cariño —me incliné sobre la barra, apretando mis pechos contra ella para decirle algo al oído—, ¡la de mi puño en tu cara como no me dejes en paz!

Cogió su copa y se alejó corriendo, dejando su sitio a un nuevo cliente al que atendí tan tranquila porque ya había descargado parte de mi frustración sexual con aquel pobre diablo.

—¿Has visto? —mi compañera se acercó a mí para hablarme al oído—. Nueva perrita intentando conseguir tu hueso...
—¿Sí? —me giré para ver hacia donde él estaba con una de tantas mujeres que cada fin de semana trataban de conseguir algo con él—. Pobre ilusa, que lo intente, a ver si tiene más suerte que todas las demás.
—Es cierto, ¿le has visto salir  acompañado de aquí alguna vez?
—Pues la verdad es que no, y prefiero que siga siendo así.
—¿Sabes que podría ser...?
—Ni se te ocurra decirlo —la corté—. No tientes al destino diciendo la palabra, porque el karma me tiene muy jodida últimamente —mi compañera se había quedado muy seria—. Lo de muy jodida lo digo de forma figurada, porque hace que no hecho un buen polvo ni se sabe, yo creo que he debido revirginizarme o algo así... El otro día fui a depilarme y estoy por asegurar que la esteticista podía escuchar el eco de su voz rebotando en mi yermo páramo.
—Por favor, ¿podrías atenderme?
—Sí, un momento —dije sin girarme—. Y si he conseguido el milagro de la revirginización, a Dior pongo por testigo de que ese jodido melenas que lleva meses esquivándome va a ser el caballero andante y de brillante armadura que penetre con su larga, dura y enhiesta lanza mi gruta del placer para llevarse el divino tesoro que guardo para él.
—Joder, la tigresa está en pie de guerra.
—¡Sí! —empecé a girarme hacia el dueño de la voz impertinente—. ¿Algún problema amigo? —aunque en cuanto le vi (porque como habréis imaginado ya, era él), sonó más como <<algún popoblemma amiggggglllluuuu>>
—¡Ninguno! —levantó ambas manos como para demostrar que estaba en son de paz—. Te aseguro que no voy a blandir mi lanza en tu contra... —y soltó una carcajada profunda que lanzó llamaradas directamente sobre mi entrepierna.
—Sí, ese es el jodido problema —solté toda la rabia contenida en ese comentario, aunque lo dije más para mí que para él, pero sé que me escuchó por como abrió los ojos. Me giré hacia mi compañera—. Nena cúbreme, necesito tomar el aire o ten por seguro que este lugar se convertirá en el escenario de una masacre y algún día harán una peli de esto con un título como “Tigresa, Carrie 3”.

Salí de la barra en dirección al almacén, donde estaban los vestuarios, cogí la chupa que guardaba allí para los días de trabajo, también con mi nombre y el bordado y me asomé al despacho del jefe.

—Salgo a tomar el aire o terminaré matando a alguien esta noche, he dejado a Zoe a cargo de todo, no creo que sean más de diez o quince minutos.
—Vale, tómate ese respiro y vuelve dentro para seguir meneando esas tetas que me hacen ganar dinero.
—En serio... Tengo un abogado, ¿recuerdas? Se llama Manel, es el mismo que redactó el primer acuerdo para librarte de una demanda por acoso, ¿quieres que os vuelva a preparar una cita?
—Eres jodidamente un dolor de cabeza.
—¡Pero mis tetas te hacen ganar dinero! —dije mientras me meneaba para moverlas.
—¿Tú puedes hablar de ellas y decirlo y yo no?
—Son mías y puedo hacer lo que me plazca con ellas —vi como abría la boca y me adelanté—. Y solo por lo que has pensado y estabas a punto de decir, me tomaré media hora, gracias Luis.

Salí por una puerta del almacén, que conectaba con un callejón interior que usábamos para tirar la basura cuando cerrábamos al final de la noche, y digo noche por decir algo, porque siempre nos saludaba alguna beata camino de la misa, mientras se santiguaba y decía que rezaría por nuestras almas. Me dio la risa y me desahogué.

—Tienes una risa preciosa.

Me callé al momento y levanté la vista para encontrarle a él allí frente a mí. Había salido por la misma puerta que yo y se iba acercando poco a poco, como tanteando el humor que me gastaba en aquel momento y eso lo hacía un hombre sensato.

—Te vi muy alterada y quise asegurarme de que estarías bien. Me dijeron que podía salir por aquí para poder encontrarte.
—¿Por qué hoy?
—¿Perdona? —parecía confuso—. Creo que no te entiendo.
—Llevas meses viniendo por aquí —estaba ardiendo, porque su sola proximidad me calentaba todo el cuerpo—, meses en los que me has ignorado como si fuese invisible, meses en los que no he existido para ti... —hice una pausa—. Bueno, eso no es cierto, porque te tengo pillado mirándome más de una vez y sé que lo haces con lujuria. Lo sé bien porque yo te veo igual y tú lo sabes —me voy acercando a él poco a poco—. Eres perfectamente consciente de lo que me haces, de lo que tu presencia me provoca y no has hecho nada. Si no te intereso dímelo. No soy una niña pequeña que se vaya a romper por una negativa, no serías el primero ni el último en rechazarme, pero ten los cojones suficientes para decirlo. Para dejarme las cosas claras y que yo pueda pasar a otra cosa... No sé, por ejemplo a clavar alfileres en las partes nobles de un muñequito al que le pegaría una foto tuya a modo de cara.

Y de repente se me echó encima como una apisonadora antes de que pudiera ser consciente de lo que pasaba. Sus manos me cogieron por los muslos y me levantaron, pegándome a su cuerpo duro. Para no caerme me agarré a sus hombros que eran fuertes, más de lo que me esperaba. Me sentó sobre uno de los cubos de basura y di gracias porque anoche nos acordásemos de cerrar la tapa, porque sino imaginad el percal en estos momentos.
Una vez que me tuvo atrapada y sin escapatoria sus manos subieron por mi espalda apretándome contra él. Estaba tentada a decirle que no necesitábamos ningún juego previo más, que por lo que a mí respectaba podía sacársela e hincármela bien profundo, es más, se lo agradecería (¿os dais cuenta del poder que tiene sobre mí?). Sus manos llegaron hasta mi cuello y rodearon mi nuca. Una de ellas se enredó con mi pelo, al tiempo que mis manos habían volado desde sus hombros hasta la cintura de su pantalón, donde ya luchaban con la hebilla de su cinturón. Me dio un tirón de pelo, no me hizo daño, pero fue lo suficientemente firme para hacerme levantar la vista hacia él y perderme en sus increíbles ojos azules.

—No voy a follarte como a una cualquiera en un callejón —dijo pegando sus labios a los míos.
—¿Qué? —solté un grito ahogado.
—Que no te voy a follar —me miraba fijamente, tratando de adivinar si le había entendido—. Ni aquí, ni esta noche...
—Pero...
—Cuando eso suceda será bajo mis condiciones —pegó más su cuerpo al mío y pude notar su erección mientras se frotaba contra mí—. Quiero follarte como un animal durante horas, y voy a hacerlo, te lo aseguro, pero para eso necesito una serie de comodidades que aquí no tenemos.

Y sin decir nada más volvió a tirar de mi pelo, para obligarme a levantar aún más la cabeza y tomó posesión de mi boca con un gruñido animal que amenazaba con hacerme arder de un momento a otro, estaba segura de que en cualquier momento sería el ejemplo viviente de lo que llaman “combustión espontánea”. Su lengua se encontró con mis labios y los invadió por completo, sin pedir permiso, simplemente se hizo dueño y señor de todo a su paso.
Le rodeé por la cintura y ajusté mi cuerpo aún más al suyo, los roces me estaban matando y con un poco más de ayuda estaba segura de que podría sacar provecho. Notaba la fricción de su cuerpo contra el mío, cada vez más duro, cada vez más caliente, cada vez más cerca... Hasta que al final me dejé llevar, me separé de sus labios unos milímetros y me invadió el orgasmo más intenso de mi vida, acompañado de un gemido gutural que salía desde lo más profundo de mi ser.

—Espero que esto sea suficiente hasta que te pueda tener en mi cama y a mi merced —me besó una vez más, pero fue cálido, suave, sin urgencias.
—Ni siquiera sé tu nombre... —le dije mientras se separaba de mí, se estaba alejando y estaba segura de que se marchaba.
—No te preocupes tigresa, cuando llegue el momento sabrás que nombre gritar mientras te corras conmigo dentro de ti.



>>>>¿Continuará?<<<<